SALIDA ESPECIAL DEL SOCIO «LAGOS DE COVADONGA» – CRÓNICA Y FOTOS

Salir en bicicleta por escenarios míticos del ciclismo mundial es un privilegio, hacerlo con amigos es toda una fortuna.

El montañoso occidente de Asturias fue el escenario, y varios socios del Club Ciclista Riazor los protagonistas de un memorable viaje donde se comió, se rió e incluso se montó en bici. Ese era el objetivo, pasar un día fantástico de convivencia y bici para cualquier socio que quisiera unirse.

Llegados a Cangas de Onís pudimos hacer tiempo antes de la cena con productos típicos donde la disyuntiva gastronómico-nutricional gestó un debate entre partidarios de la muy deportiva ensalada y el gustoso cachopo. Aplazada la conclusión de esta controversia hasta el final de la ruta que tendría lugar a la mañana siguiente, tomamos nuestras posiciones en los magníficos apartamentos rurales donde los alojaríamos. Justo entre el río y la montaña, con amplísimos jardines y una tranquilidad sobrecogedora, darían incluso ganas de quedarse allí todo el tiempo disfrutando del sol y las agradables temperaturas.

Pero llegaron las primeras luces de la mañana y tocaba enfundarse de flúor, calarse gafas y casco y engancharse sobre los pedales. Dirección Ribadesella, costeando, entre las brumas matinales que disipándose presentaban las montañas a la izquierda y el mar a la derecha. A las 10 de la mañana la temperatura ya era inusual. A buen ritmo cumplimentamos los primeros 60 km de la ruta casi llanos para enfrentar el primer puerto del día, el famoso Fito donde Miguel Induráin dijo hasta aquí hemos llegado. 7.300 metros de desnivel muy constante que cada cual superó a su ritmo, disfrutando la ascensión del puerto, pero ya no tanto de las temperaturas que en el cénit del sol ya eran ásperas. Vivíamos una ola de calor en toda España, pero todavía no lo tomábamos muy en serio. Generoso descanso en la cima, visita al mirador y un rato comentando el puerto, antes de emprender la bajada hacia Arriondas, muy amable y vistosa. De vuelta al llano dirección Cangas de Onís, los ánimos son alegres ante la perspectiva de alcanzar las torres del Santuario de Covadonga, sus campanas repicando a la una de la tarde de este domingo. Tráfico a motor abundante, mas no molesto, y solo un par de ciclistas que no vistieran amarillo fosforito. Nos daríamos cuenta rápidamente por qué: superados los primeros 3000 metros entre la arboleda, todo el sol y todo el calor del mundo cayeron encima de la temible Huesera. Más de 40 grados y allí bajo el cielo despejadísimo, rocas vacas y asfalto candente, respirando ferodo y embrague quemado. Coches averiados en las cunetas. Bidones vacíos, pulmones exhálicos. Cada uno subiendo como podía, metro a metro. Con precauciones para evitar situaciones comprometidas, y así conseguimos nuestra foto y nuestra cerveza en el santuario ciclista que es el lago de la Ercina. Con las fuerzas recuperadas, descenso de vuelta y volando hacia el alojamiento. Por si faltaba algo de lo bueno, faltó tiempo para volver a Galicia y cenar -única comida del día después del almuerzo!- un churrasco en Ribadeo que supo a gloria bendita, gloria de la Santina.

UNAS FOTICOS…

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